Vamos a ser sinceras. Les voy a explicar cómo funciona realmente el mundo de la belleza y el rejuvenecimiento facial. Existen cuatro niveles: las cremas y lo que hacemos en casa, los tratamientos dermatológicos suaves, los procedimientos más intensos y, finalmente, la cirugía plástica. Ahora quiero que seas sincera contigo misma: ¿en cuál de estos niveles estás y qué resultado esperas conseguir?
¿Y si te estás preguntando cuáles de todas estas cosas me he hecho yo? La respuesta es muy sencilla: me lo he hecho todo. Ja, ja, ja. He probado, investigado, me he equivocado y también he descubierto tratamientos maravillosos. Por eso hoy puedo explicarles qué hace cada cosa y qué no volvería a hacerme.
Nivel 1: lo que haces todos los días en casa
El cuidado diario de la piel es la base. Una buena rutina puede mejorar la hidratación, la luminosidad, la textura y protegernos del daño solar. Lo que ninguna crema puede hacer es un lifting: no puede eliminar piel sobrante ni levantar unos párpados caídos. Tus arrugas y tu flacidez no desaparecerán mágicamente por comprar el producto más caro del mercado.
Y la belleza también comienza desde adentro: tomar suficiente agua, comer alimentos ricos en antioxidantes, dormir, controlar el estrés y no fumar tienen un impacto que ningún frasco puede reemplazar.
Mi rutina de skincare: [LINK] · Protector solar que utilizo: [LINK] · Mis favoritos para hidratar: [LINK]
Niveles 2 y 3: de los tratamientos suaves a los intensos
Para mantener la piel uniforme y luminosa están los peelings, el microneedling, el PRP y tratamientos como AquaGold microcanales finísimos que aplican un cóctel personalizado en las capas superficiales. No producen el resultado de una cirugía, pero generan cambios progresivos y naturales. Eso sí: siempre con un profesional capacitado, nunca en casa.
Cuando queremos trabajar manchas, flacidez leve o pérdida de colágeno, subimos de nivel. A mí me encantan el láser CO₂ con PRP para renovar y dar luminosidad aunque no es un facial suave: requiere recuperación, protección solar estricta y un médico con experiencia. Ultherapy puede tensar y estimular, pero no reemplaza un lifting cuando ya existe piel sobrante.
Y los tratamientos que más me gustan actualmente son los bioestimuladores, como Sculptra y Radiesse: en lugar de buscar una cara inflada, estimulan tu propio colágeno. Sales del consultorio sin parecer otra persona y, con el tiempo, notas una piel más firme y una cara más fresca. La tendencia que me gusta no es transformar el rostro es obtener resultados discretos y progresivos.

Lo que no volvería a hacerme
No volvería a intentar corregir la flacidez inyectándome y rellenándome la cara una y otra vez. Una cosa es usar estratégicamente un bioestimulador o una pequeña cantidad de ácido hialurónico con una indicación concreta. Otra muy diferente es colocar producto repetidamente hasta cambiar las facciones o perder la expresión natural.
Mi lema es: antes de seguir inyectándome mil veces para intentar levantar lo que ya está cayendo, prefiero evaluar honestamente si ha llegado el momento de una cirugía. No porque las inyecciones sean malas, sino porque no pueden hacer el trabajo de un bisturí.
Nivel 4: mi decisión de operarme
Yo ya tengo mi cirugía facial planificada para el próximo año. Mucha gente me dice: "Pero Inés, tú no necesitas eso." Yo sé que mi cara no está "grave", pero tampoco quiero esperar a sentir que lo está. Mi decisión no nace del rechazo a mi rostro ni del miedo a cumplir años: nace de conocer las opciones y escoger lo que considero adecuado para mí. No existe una edad universal para un lifting, la anatomía, la genética y los objetivos de cada persona importa más que el número de la cédula.
Después de muchos años evaluando cirujanos, escogí al doctor Miguel Mascaró. En mi podcast conversamos sobre los tipos de cirugía facial y la importancia de adaptar el procedimiento a cada paciente. La elección del cirujano no puede depender de quién tenga más seguidores ni del mejor precio: debe ser un profesional certificado, con experiencia específica, en un centro acreditado.
El tratamiento más importante no viene en una jeringa
Podemos hacernos CO₂, bioestimuladores e incluso una cirugía impecable. Pero si vivimos deshidratadas, sin dormir y permanentemente llenas de angustia, nada externo podrá darnos la luz que buscamos. La espiritualidad también se refleja en la cara: la gratitud, la respiración y la capacidad de estar presentes producen una belleza que ningún médico puede inyectarnos. Cuidarnos no debería ser una batalla contra la edad debería ser una forma de agradecer el cuerpo, la piel y la vida que tenemos.

Antes de escoger un tratamiento, pregúntate:
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¿Qué busco realmente?: ¿calidad de piel, luminosidad, estimular colágeno o tratar una flacidez que ya necesita cirugía?
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¿Le estoy pidiendo a las inyecciones un trabajo de bisturí?: cada nivel tiene sus límites y ser honesta con eso lo cambia todo.
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¿Esto lo elijo por mí?: ¿o porque me estoy comparando con una imagen irreal?
¿Y tú, en cuál de estos niveles sientes que estás hoy?
Escucha mi conversación completa con el Dr. Miguel Mascaró en Te Tengo un Cuento 🎧 → AQUÍ